Si no expresas te enfermas

En este mundo hay muchos tipos de personas: extrovertidas, introvertidas, sensibles, habladoras...cada una tiene un tipo de personalidad y manera de ser, que nos convierte en únicos, pero todos tenemos algo en común, la necesidad de expresarnos.

 

Somos humanos y somos seres sociales, seres que necesitan a los demás para comunicarse y expresar sus sentimientos. Para muchas personas expresar la verdad y los sentimientos no es fácil, abrirse y volverse frágil puede ser complicado pero… es necesario. 

Cuando no expresamos lo que sentimos y lo guardamos para nosotros el dolor nos va pudriendo el alma y se manifiesta en nuestro cuerpo terrenal. Nuestro cuerpo se expresa cuando no sabemos comunicarnos. 

Habitualmente, esta incapacidad tiene su origen en un sistema de comunicación familiar inexistente o deficitario. Muchas de las enfermedades nos dan una pista sobre las necesidades no cubiertas en la infancia como el cariño o la empatía. 

Somatizar significa transformar un dolor emocional en otro físico, quizás por la incapacidad de expresarse. Una incapacidad que se debe entender y tratar como el origen de un problema que cumple una función: comunicar con el cuerpo lo que nuestra mente quiere expresar y nuestra voz no es capaz de reproducir.

En la depresión por ejemplo, es normal un cambio en el patrón de sueño habitual, tener menos hambre y menos ganas de hacer cosas se está somatizando la tristeza.

 

Deja de ser fuerte siempre, sé tu mismo 

 

Cuando no nos comunicamos, implícitamente asumimos que no seremos escuchados, que no contamos con las estrategias sociales para hacernos entender o que directamente seremos rechazados.

De repente, un día nos sentimos paralizados. Nos preguntamos de dónde surge tanto dolor y porque mi cuerpo no da motivos claros que lo expliquen. Los motivos están en la mente, pero están anestesiados.

El inconsciente no diferencia entre una imagen exterior o interior. Esto nos lleva de manera inevitable a protegernos continuamente. Como nos da miedo a sufrir, cuando nos sentimos amenazados ponemos en marcha mecanismos de protección.

 

Señales de nuestro cuerpo ante las emociones: 

 

Caída del pelo

• Representa el nexo entre lo físico y lo espiritual

• Una persona pierde su cabello cuando vive una pérdida o tiene miedo de perder algo o a alguien.

• Se identifica demasiado con aquello que corre el riesgo de perder o con lo que perdió, y experimenta un sentimiento de impotencia.

• Es una persona que se preocupa demasiado por el aspecto material de su vida y tiene miedo de la opinión de los demás.

 

Caries 

 

• Es la manifestación de un dolor interior extremo.

• No consigo expresar este mal que me corroe y la inflamación hace su aparición.

• La caries se refiere al aspecto “mental”. ¿Es odio o rencor frente a alguien?

 

Apnea del sueño 

 

• Si ronco, debo preguntarme: ¿Me agarro yo a mis viejas ideas, actitudes, bienes materiales? ¿Me obstino a mantenerme en una situación o en alguna situación que no me es beneficiosa? 

• Busco acercarme a alguien

• Debo aprender a soltar y dejar sitio a lo nuevo.

 

Dolor de rodillas 

 

• Debo interrogarme para saber si soy testarudo, rígido, orgulloso.

• ¿Vivo quizás un conflicto con la autoridad (mi jefe, mis padres, etc.)? ¿Tengo miedo de tomar cierta acción para ir hacia delante? ¿Tengo yo la sensación de que debo “doblar” en cierta situación o deba “doblarme” delante de alguien o algo?

• Si tengo fluidos al nivel de las rodillas (me inhibo emocionalmente contra el flujo natural de los acontecimientos (resistencia al movimiento)

 

Ansiedad

 

• Tiene como efecto en la persona que la sufre el bloqueo de la capacidad de vivir el momento presente.

• Se preocupa sin cesar. Habla mucho de su pasado, de lo que aprendió, vivió, o de lo que le sucedió a otro.

• Esta persona tiene una imaginación fértil y pasa mucho tiempo imaginando cosas que ni siquiera es probable que ocurran.

• Se mantiene al acecho de señales que prueben que tiene razón para preocuparse.

 

Tu puedes transformar tu futuro

 

Enfermarse, sentirse desgraciado o encontrarse en una situación desagradable no es una cuestión de mala suerte ni una casualidad o un castigo divino; no es más que el resultado de sintonizarnos con determinada frecuencia. Solo hay que cambiar de frecuencia negativa a una positiva para que el malestar, el dolor o la enfermedad desaparezcan, para transformar una situación difícil o para mejorar nuestra relación con los demás.

En cada momento creamos nuestra realidad mediante los pensamientos que sintonizamos, las palabras que pronunciamos y las elecciones que hacemos. Cuanto más ampliamos el campo de nuestra conciencia, más podemos intervenir para transformar favorablemente nuestro mundo y mejor podemos gobernar nuestra vida. 

Cuando se quiere huir de una situación que conlleva a una importante lección para nuestra evolución, la enfermedad puede obligarnos a afrontarla. Podemos tratar de huir de nosotros mismos anestesiándonos o angustiándonos. Pero huir no es la solución porque aquello que nos da miedo y de lo que queremos escapar nos persigue constantemente.

Hay que dejar sentir las emociones y expresar lo que sientes. Hay que intentar encontrar la emoción o sentimiento en la cual nos hemos quedado atascados: duda, abandono… Reconocer que somos los creadores de lo que vivimos. Esto supone aceptar que nuestros pensamientos han dado lugar a las situaciones que hemos encontrado en nuestra vida ¡Ábrete a ser quien eres, verás el cambio!

 

Redacción Instituto Draco

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