¿Cómo salir de tu zona de confort?

Fecha de publicación: 29/06/2016 10:00

Iniciar algo nuevo en tu vida es un cambio. Y un cambio, por pequeño que sea, conlleva salir de tu zona de confort. Es fácil no hacer ejercicio. Es fácil comer lo que sea con tal de calmar el hambre. Es fácil vivir con pereza. En cambio comenzar a hacer actividad física, cocinar saludable o ser productivo por las mañanas, requiere de energía y esfuerzo.  Todo cambio en tu vida, va requerir un esfuerzo por tu parte. ¡Tómalo como una inversión!

 

Mucha gente evita el cambio, aunque sea para mejorar, para evitar la incomodidad que genera. Dándole más preferencia a las rutinas insaludables, simplemente porque son más fáciles de llevar o porque son lo que ya conozco.

 

¿Por qué nos resistimos tanto a ese cambio? Existen varios motivos: 

1. Queremos gratificaciones instantáneas

Descansar en el sofá es más cómodo en este momento que salir a hacer deporte. Revisar el correo o Facebook es más fácil ahora, que hacer ese proyecto que has estado posponiendo. Comer pastel de chocolate es más sabroso, en este momento, que comer verduras. Lo que se nos olvida, o quizás no queremos pensar en ello, son los resultados que conllevan estas acciones en el futuro. 

2. Tenemos miedo a algo

Miedo a no hacerlo correctamente, miedo a fracasar, a lo desconocido… Eso nos hace querer posponerlo, haciendo algo sencillo, conocido y seguro en su lugar. Pero lo que no sabes, es que si no empiezas a tomar acción hoy, ya has fracasado antes de intentarlo. 

3. Posponer el cambio es más fácil

No hay consecuencias negativas inmediatas vamos a pagar por ello más tarde, pero por ahora, nada malo pasará. 

 

¿Y qué puedo hacer al respecto? Te propongo 3 soluciones: 

Solución A: Deja de lado esa falsa creencia de que será fácil

Todos esperamos que el cambio sea fácil, tenemos la expectativa que los cambios sin esfuerzo existen y creemos fervientemente en esas historias acerca de los cambios de la noche a la mañana existen.  Pero eso no sucede en la vida real. Hay que saber que se requiere de constancia para lograr un resultado. En el ejemplo “Quiero correr un maratón este año”, se piensa que un buen día despertaremos fuertes y capaces de correr 42 kilómetros. Ridículo, ¿verdad?

Deja ir la idea de que es fácil, tal vez lo sea y te sorprendas a ti mismo, pero si no lo es, aprende a ser constante, recuerda que el esfuerzo que hagas hoy para incorporar un hábito en tu vida permanecerá para siempre. 

Solución B: Toma el cambio en pequeñas dosis

Los cambios nos generan malestar ¿Pero qué pasaría si el cambio es tan pequeño que ni si quiera lo notamos?  Suena a una estrategia para engañar a nuestro cerebro, y lo es. Pero lo mejor es que funciona, por eso la mejor estrategia para lograr un gran cambio es comenzar con pasos muy pequeños y fáciles de alcanzar. De esta forma el malestar será mínimo y nos permitirá seguir con cambio más ambiciosos. 

Empieza poco a poco, con dosis que tu consideres que puedes tolerar. No empieces a correr 42 kilómetros a partir de mañana, porque pasado mañana no podrás ni moverte, además de tener la sesación amarga de no haberlo conseguido y de fracaso. Mejor empieza con distancias pequeñas, aumentándolas gradualmente. 

Solución C: Intenta hacer metas más disfrutables, además de alcanzables, realistas y específicas.

Ya sabemos que salir de nuestra zona de confort nos produce malestar, esto quiere decir que realizar una acción que genere un cambio no será cómodo. Si tienes que dejar el cómodo sofá para salir a correr, seguramente no tendrás una sonrisa de felicidad, por lo menos no al principio. Pero todo depende de la perspectiva desde donde se vea y de la imaginación que tengamos para cumplirla. Esta estrategia también forma tu plan de acción para cumplir la meta. Trata de hacer tus metas disfrutables, para mejorar su aceptación. 

Por ejemplo: Si tienes que salir a correr como te lo propusiste, y esto te genera incomodidad y malestar ¿Por qué no escuchar música mientras corro? Este simple cambio puede hacer la actividad mucho más divertida y disfrutable, tanto que el tiempo que destinas a correr se pasara volando. Si correr se te hace una actividad muy solitaria, entonces, ¿por qué no reunirse con amigos para jugar fútbol? 

Ya ves que tienes varias soluciones, la cuestión en qué te centras, ¿en la solución o en el problema? ¿Qué solución vas a aplicar hoy?

 

 

Irene Morales

Psicóloga Clínica y de la Salud

www.facebook.com/IreneMoralesPsicologia

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